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Comida Contada
Diagrama de un bosque que muestra la diversidad de plantas de la milpa

Las plantas medicinales de la milpa

La parcela de maíz también es una botica abierta

Genoveva De La Peña21 de febrero, 20261 min de lectura

La milpa no es un sembradío de maíz: es un sistema vivo donde el maíz, el frijol, la calabaza y decenas de hierbas llamadas despectivamente malezas conviven y se cuidan entre sí. Quien la mira de prisa ve desorden; quien la conoce ve una farmacia que crece sola entre las matas. Los quelites, el epazote, la verdolaga, el chipilín: todo lo que ahí brota tiene nombre, sabor y oficio en el cuerpo. Comer de la milpa fue siempre, también, medicarse sin saberlo.

Diagrama de la diversidad de un sistema de milpa
La milpa: policultivo y botica a la vez  ·  Sierra Norte de Puebla
Una flor de calabaza abierta entre las plantas
La flor de calabaza, alimento y remedio suave
Mazorcas de maíz de varios colores
El maíz, corazón alrededor del cual crece todo

Durante siglos, la persona que cuidaba la milpa no distinguía con claridad entre lo que comía y lo que la sanaba, porque en esa parcela las dos cosas crecían juntas. Los quelites que se arrancan entre las matas son verduras de hoja cargadas de hierro y minerales; la verdolaga, hoy celebrada por sus ácidos grasos, fue durante generaciones simplemente lo que se ponía en la olla cuando escaseaba la carne. La milpa enseñó una idea que Occidente apenas redescubre: que la salud no se compra en una repisa, se siembra y se cosecha.

Defender la milpa, entonces, no es nostalgia campesina sino una cuestión de soberanía sobre el propio cuerpo. Cuando un policultivo se reemplaza por hectáreas de un solo grano, no se pierde solo biodiversidad: se pierde un saber medicinal que nadie escribió y que vivía en las manos de quien sabía reconocer cada hierba. Cada milpa que desaparece es una botica que cierra para siempre. Por eso cuidar este sistema antiguo es, en el sentido más literal, una forma de cuidar la salud de un pueblo entero.

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