
La miel que suaviza la garganta
El primer jarabe del mundo lo hicieron las abejas
Genoveva De La Peña28 de mayo, 20251 min de lectura
Cuando la garganta arde, la mano busca la miel antes que la razón. Es un saber que precede a la palabra remedio: dulce, espesa, tibia, baja despacio y deja un manto donde antes había aspereza. Las abejas la fabricaron mucho antes de que existieran las farmacias, y nosotros aprendimos a robarla con respeto. En cada frasco hay flores que ya no existen, deshechas en un líquido que no se echa a perder.



La miel suaviza porque es viscosa y porque es ligeramente ácida: forma una película sobre la mucosa irritada y, de paso, le complica la vida a las bacterias que buscan asentarse. Eso lo confirma hoy la ciencia, que recomienda una cucharada para la tos nocturna con la misma seriedad con que lo recetaba cualquier abuela. Pero reducirla a sus azúcares y a su peróxido de hidrógeno sería traicionar lo que también es: la traducción comestible de un paisaje, el sabor concentrado de un campo en flor.
En México la miel tiene apellidos, territorios, estaciones. La del desierto sabe a mezquite y la de la selva sabe a sombra; la melipona, que producen abejas sin aguijón guardadas por los mayas, es medicina antes que dulce. Curar la garganta con miel es, entonces, dejar que un lugar entre por la boca y haga su trabajo silencioso. No tomamos un químico: tomamos un mapa derretido.


