
Flor de garambullo
El cactus del semidesierto cuya flor y fruto alimentan donde casi nada crece
Genoveva De La Peña20 de septiembre, 20251 min de lectura
El garambullo es un cactus columnar del semidesierto del centro de México, esos paisajes que a primera vista parecen ofrecer nada y en realidad ofrecen casi todo. De sus brazos espinosos brotan flores que se guisan como verdura y, más tarde, frutos pequeños de un morado profundo, dulces y silvestres. En el Bajío árido y en la Mixteca, donde la tierra es dura y el agua escasa, esta planta ha sido despensa por siglos. Comer garambullo es aprender a leer la abundancia escondida del desierto.



Las flores se recogen apenas abiertas, se limpian de espinas con paciencia y se guisan con huevo, con chile, o se capean como cualquier flor de la cocina mexicana: tienen un sabor ligeramente amargo y vegetal que pide la compañía de la grasa y el calor. El fruto, en cambio, se come crudo del cactus, se vuelve agua fresca, mermelada o un atole morado intenso. Una misma planta entrega dos cosechas en dos momentos distintos del año, y nada se desperdicia.
Lo que el garambullo enseña es que el desierto no es un páramo, sino una despensa que pide otro tipo de mirada. Las cocinas del semidesierto —garambullo, nopal, biznaga, mezquite— son un saber de la escasez que la abundancia industrial casi nos hizo olvidar. Recuperar la flor de garambullo no es exotismo: es volver a reconocer comida donde aprendimos a ver sólo espinas.


