
Las muchas caras del maíz
Sesenta y cuatro razas nativas y un mar de colores que ningún supermercado conoce.
Genoveva De La Peña18 de abril, 20251 min de lectura
Quien crea que el maíz es amarillo no ha visto un mercado mexicano de tierra adentro. Hay maíces azules, rojos, blancos, negros, pintos como caballos y morados como el atardecer. México resguarda una diversidad que asombra a los botánicos del mundo, y cada grano es el resultado de miles de años de manos campesinas seleccionando, guardando y sembrando de nuevo. Detrás de esa abundancia hay una pregunta inquietante: ¿cuántas de estas variedades sobrevivirán a la prisa del mundo?



Se reconocen en México alrededor de sesenta y cuatro razas nativas de maíz, y dentro de cada una conviven cientos, quizá miles, de variedades locales adaptadas a su altitud, su clima y su suelo. Esta planta no existe en estado silvestre tal como la conocemos: es enteramente obra humana, domesticada hace unos nueve mil años a partir del teocintle, un pasto de granos minúsculos que apenas adivinaba la mazorca futura. Cada comunidad afinó su propio maíz para hacer pozole, tortilla azul, totopo o tamal, de modo que la diversidad biológica es inseparable de la diversidad cultural.
Esa riqueza no es un adorno: es seguridad alimentaria. Un maíz que resiste la sequía, otro que prospera en suelo pobre, otro que madura antes de las heladas; juntos forman un seguro vivo contra la incertidumbre del clima. Perder una raza no es perder un color, sino borrar una respuesta que tal vez necesitaremos mañana.


