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El aporreado

de los domingos

Miguel Ángel Pérez Álvarez29 de julio, 20262 min de lectura

A veces mi papá, me mandaba en la mañana del domingo, con un casco (el envase retornable color ámbar) de Superior,  a comprar a La Fama una cerveza para el almuerzo. Un par de veces regresé con las manos vacías porque perdí el billete de 50 (una verdadera fortuna en aquella época) o se me caía el casco,  el frasco, la botella pues, al atravesar el camellón, lleno de palmeras, cerca de donde yo vivía.

En realidad no es de eso de lo que quiero hablar. Quería hablar de otra cosa más importante.  El domingo en la mañana,  aparte de pelearme con mis hermanos por los “monitos” (suplemento de caricaturas que traía El Universal) mi principal disfrute era probar el aporreado que nos preparaba mi madre. El aporreado es un guiso del estado de Guerrero,  y bueno de la Tierra Caliente, de ahí de donde colinda nuestro Estado con Michoacán.   Mi padre, como buen nativo de Coyuca de Catalán, no perdonaba los domingos en la mañana el aporreado y una cerveza, que es la manera en la que resbala mejor por la garganta el guiso aquel.

El aporreado,  para los que no saben, se prepara con cecina o tasajo (como se le llamen) secos. Mi papá secaba la carne arriba de la despensa, colgada la cecina en un  mecate.  Dejaba los trozos de cecina colgados ahí varios días, hasta que quedaba bien seca y ya seca, pues se cortaban los trocitos y se doraban en un sartén. Luego mi madre le agregaba huevos revueltos y completaba la fórmula con una salsa bien picante. Así es que los domingos eran de aporreado con tortillas calientes, de observar a mi padre leer las noticias de Él Universal y de escucharlo comentar en voz alta con mi madre las noticias. Que si llegaba de visita De Gaulle, que si los Kennedy irían a la Basílica, que si destapaban a Díaz Ordaz, y todos esas cosas.

Así es que el aporreado me trae recuerdos de mi infancia en la casa, y quizás de las últimas ocasiones que sentí que éramos una familia, porque después todo se descompuso a partir de 1970.

Miguel Ángel Pérez Álvarez / CDMX


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